sábado, 28 de abril de 2007

Cuarta dimensión, o reino del alma

¿Universos paralelos? Claro que sí. Existen conjuntamente con nuestro mundo tridmensional, aunque no podemos percibirlos porque vibran a una frecuencia demasiado alta para nuestros limitados cinco sentidos humanos. Son accesibles mediante telepatía, los viajes astrales y en el tiempo, los desdoblamientos, la meditación y todos los fenómenos que se dan en estados alterados de conciencia. Inmediatemente arriba de nuestro mundo en la escala de vibración se encuentra la cuarta dimensión. Un mundo al que, según los postulados de la Nueva Era, nos estamos encaminando día a día por el sutil cambio de las frecuencias vibratorias de las personas y del planeta. En esta primera parte del artículo sentaremos las bases de lo que es la Cuarta Dimensión y abordaremos lo que dice la ciencia al respecto.

Por: Alejandra Bluth Solari

¿Se ha puesto a pensar alguna vez porque siempre le damos tanta importancia a las tres dimensiones de nuestro mundo? Hasta los dibujos animados tridimensionales se hacen famosos por mostrar los tres planos de nuestra realidad, y no sólo dos, como las caricaturas antiguas dibujadas a lápiz, donde sólo resaltaba el largo y el alto de las figuras. Ahora se les puede dar, además, profundidad; o sea, una tercera dimensión: el ancho. Eso ya es motivo de que aplaudamos maravilllados.

La ciencia reconoce oficialmente los tres aspectos de la dimensión en la que nos movemos: ancho, largo y alto. Pero esa es “nuestra” realidad , la que conocemos todos los días en este mundo, pero no la única. El espacio en sí mismo, considerado en forma abstracta como una matriz de creación, es capaz de contener infinitas dimensiones. Paralelamente a esta dimensión tridimensional, también existen otras, planos de cuatro dimensiones y más, donde hay mucho más que largo, alto y profundidad. Se dice que las dimensiones son 12; siete son materiales, o sea pobladas por seres con cuerpo físico; la octava, novena y décima corresponden al plano puramente mental, o de la conciencia, y la once y la doce son el reino del espíritu puro, de la luz divina. Cada una son como los peldaños de una escalera siempre ascendente, donde se desenvuelven infinidad de esencias superiores, también en estado evolutivo, como ángeles y maestros ascendidos, hasta llegar a Dios, la Conciencia Absoluta.
Partiendo de esa base, queda claro que no sólo existe lo que vemos con los ojos y percibimos con nuestros cinco sentidos en este mundo de tres dimensiones.

Que nuestros sentidos son limitados queda claro si pensamos que sólo vemos en longitudes de onda de 4 a 7 Mil Unidades Amstrong, y no oímos sonidos por encima de los 20 Kilohertz). Así como existe esta dimensión, la tercera, donde existimos y nos movemos los seres del reino animal, y donde lo “real” es lo tangible, lo que se ve, se toca, se huele, se oye y se saborea, existen otras dimensiones o planos paralelos, donde lo físico no es lo predominante, donde los cuerpos materiales no existen, y obviamente no podemos esperar percibir esos mundos inmateriales con sentidos materiales. Sería contradictorio. Son los dominios de la escencia, el espíritu, la mente, la conciencia pura, y se aprehenden con otros medios, también mentales y espirituales. En esos reinos, por ejemplo, se mueven los espíritus de personas desencarnadas que ya no pertenecen al mundo físico y por eso no las podemos ver ni percibir con nuestros sentidos, pero no por eso han dejado de existir, de ser. Simplemente, han cambiado de dimensión; han pasado del plano material en tres dimensiones a uno superior, donde el cuerpo ya no es sinónimo de ser.

La creencia universal aceptada por todas las religiones, cada cual a su modo, es que es el espíritu humano debe avanzar, evolucionar e ir ascendiendo a esas dimensiones superiores en pos de su perfección espiritual. Cada una es un grado más de avance, un peldaño que lo acerca más a Dios luego de superar diversas pruebas en cada una de los planos precedentes.

Para entender el mundo de las dimensiones paralelas hay que tener clara otra cosa; que en el universo todo es energía, todo palpita, vibra, se mueve y cambia. Desde los cuerpos más pesados, como las rocas, hasta los más sutiles y etéreos, como el espíritu, como los pensamientos. Los cuerpos físicos, sólidos, como los nuestros, por tener materia vibran en una frencuencia densa, pesada, baja. En cambio, el espíritu, la mente, la conciencia, libre ya del peso del cuerpo, vibra, se mueve y existe en una frecuencia superior, más rápida y liviana, correspondiente a planos o dimensiones superiores. Por eso se dice que los espíritus ascienden; porque en verdad se elevan a una dimensión superior a la de la materia sólida. Las distintas dimensiones están separadas por una octava de vibración; la de arriba vibra una octava más alto que la que la precede y es más sutil y liviana, al estar conformada por cuerpos cada vez más etéreos que vibran en frecuencias cada vez más altas.
No podemos pedirle a la ciencia moderna, que se basa sólo en lo tangible, en fenómenos perceptibles por nuestros sentidos y suceptibles de ser repetidos y comprobados empíricamente, que nos ayude a develar lo que sucede en las imperceptibles dimensiones superiores a la nuestra. Quizás no es esa su tarea, y está bien. Pero tampoco es su tarea negar la existencia de lo que no puede comprobar por sus propios métodos materiales. Afortunadamente, ha sido este mismo criterio estrecho de tantos científicos lo que más ha ayudado a la comprensión por parte de mucha gente de la existencia de dimensiones superiores; al buscar respuestas para muchos fenómenos que la ciencia no puede darle, el mundo ha ido saliendo de la ignorancia y evolucionado hasta este nuevo tipo de conocimiento.

La base científica

Hasta hace algunos años, la existencia de otras dimensiones era cosa de ciencia ficción, mística o charlatanería. Pero desde que se elaboró la teoría de las cuerdas la visión ha cambiado. Según esta perspectiva teórica, el Universo estaría compuesto por cuerdas de energía vibrando, ubicadas en un espacio / tiempo de 6 o 7 dimensiones mas allá de la tercera que conocemos. Estas dimensiones extra estarían compactadas, enrolladas sobre sí mismas y por eso son muy difíciles de observar.

Actualmente, en los laboratorios de física y a través de aceleradores de partículas se busca un método para detectar las trazas de otras dimensiones. Según los últimos informes como el Hunting for higher dimensions, P.Weiss, Science News, Vol. 157, n.8. 2000, no faltaría mucho para que el descubrimiento llegue y nos sorprenda a todos. Ya nos sorprendimos cuando la ciencia demostró que somos en un 99% espacio vacío. ¿Estamos preparados para un nuevo cambio de perspectiva? Y aún mas importante: ¿están nuestros científicos preparados para dicho descubrimiento?

Científicamente, la cuarta dimensión se asocia al tiempo y al espacio. Intangibles, absolutos, incomensurables. O sea, no sucpetibles de ser medidos.

La matemática ayuda a entender lo anterior. En la geometría del espacio, un punto carece de difinición, y sólo implica una localización en el plano, por lo tanto representa cero dimensiones. Una sucesión de puntos en una misma dirección, en cambio, representa una recta: si a ésta la segmentamos, tendremos la longitud, la cual nos representa la primera dimensión en el espacio: el largo. Por lo tanto, cuando tenemos un rectángulo o un cuadrado tenemos también largo y alto, o sea, una figura geométrica que representa la segunda dimensión. En cambio, el cuerpo geométrico que caracteriza a nuestra dimensión tiene tres aspectos: largo, alto y ancho o profundidad.

Podemos tomar el siguiente ejemplo: en una hoja de papel apreciamos las tres dimensiones: largo, alto y espesor. Podemos verla y tocarla. ¿Pero qué pasaría si el espesor desaparece? Ya no veríamos la hoja, ni la podríamos tocar. Pasaría a otra dimensión, imperceptible por nuestros sentidos, pero real. Otro ejemplo; a las ondas de radio y televisión tampoco las podemos percibir con nuestros cincos sentidos, pero es obvio que existen o no podríamos escuchar radio ni ver televisión en nuestros aparatos electrónicos. Lo que ocurre es que vibran a una velocidad tan alta y rápida que no podemos detectarlas con nuestros sentidos físicos.

La mejor prueba de que existe un plano donde vibran estas ondas de alta frecuencia es el caso registrado en la primavera de 1942, cuando un joven científico llamado Allan visitó al Dr. Jesup, que trabajaba en la oficina de Investigaciones Navales de los Estados Unidos, por un proyecto que se tituló Philadelphia Project, el cual se mantuvo en el mayor de los secretos. Consistía en un sistema para volver invisibles a los barcos aliados aplicando la teoría de Einstein sobre el Campo Unificado. En opinión del genial científico, podría transportarse un objeto a una distancia considerable de crearse un campo magnético que se volvería fuente de energía. Un año se tardó para poner a punto el novedoso sistema, pero cuando se realizó la primera prueba el 14 de noviembre de 1943, el barco comenzó a desaparecer y a aparecer, como una luz que se apagaba y encendía surgiendo en cada ocasión en un lugar diferente. La tripulación que empezó tomando el proyecto en broma, terminó enloqueciendo hasta desaparecerse completamente, igual que había sucedido con el barco, como sí todos se hubiesen desintegrado o hubiesen pasado a otra dimensión de la que ya no regresaron.

Es algo similar a lo que sucede en el Triángulo de las Bermudas: desintegración molecular para pasar a otro plano de la existencia. Simples cambios de estado o frecuencia vibratoria.
¿Cómo explicar el comportamiento especial de la materia cuando pasa a ese otro espacio-tiempo que es la Cuarta Dimensión Espacial? Para arrojar alguna luz sobre este punto es necesario hablar un poco de lo que significa el mundo fenoménico, o sea la representación que nos hacemos de la realidad en la cual estamos inmersos. Los llamados fenómenos no existen por sí mismos, sino que resultan para un sujeto cuando sus sentidos captan algo, generalmente a través de una imagen. Si consideramos por una parte que los rangos de captación de nuestros sentidos son limitados, y por otra que la naturaleza de la materia/energía es determinante en lo que respecta a su perceptividad (no vemos ciertos cristales que nos son transparentes ni percibimos en absoluto las radiaciones electromagnéticas), sería suficiente un cambio de parámetros en el ámbito atómico para que un objeto material deje de ser aprehendido por nuestro aparato perceptor, que incluye de hecho el sentido del tacto. El verdadero problema no radica en la invisibilidad sino en la intangibilidad del objeto que se experimenta.

Aparentemente, la materia en general puede experimentar cambios en su naturaleza mediante la aplicación de campos de energía de orden físico o psíquico. La influencia normal de la mente sobre la materia, por otra parte, está absolutamente reconocida por la ciencia bajo la denominación de “efectos psico-somáticos”, al menos en lo que respecta a la materia viviente.

La cuarta dimensión va mucho más allá de la geometría tridimensional euclidiana que rige nuestro mundo. Más aún si consideramos que en la transición del siglo XIX al XX, escritores como Edwin Abbott y Gustav Theodor Fechner asociaron nuevos mundos posibles a la idea de una Cuarta Dimensión, sugiriendo teorías manejables desde el punto de vista científico. Y es que la búsqueda de la mítica Cuarta Dimensión fue una constante en el siglo XIX y XX. A mediados del siglo XIX, un célebre matemático germano, Riemann, estableció las bases matemáticas para describir un espacio curvo multidimensional. Aunque no se puede precisar lo que se entiende por nuevas dimensiones, se conceptúan como tales las diferentes curvaturas del espacio. Y a partir de este momento, a través del método que se conoce como tensor métrico de Riemann, ya se pueden realizar los cálculos matemáticos para un espacio de cualquier número de dimensiones. Matemáticamente ya no es problema describir un espacio de más de tres dimensiones a través del tensor métrico de Riemann. No se precisa lo que es una nueva dimensión, pero se entienden como tales las superficies curvas a las que no basta con tres coordenadas para describirlas.

La idea quedó en el aire e influyó en la última cuarta parte del siglo XIX sobre el prestigioso profesor de Física y Astronomía de la Universidad de Leipzig, Alemania, Johann Zöllner. Fuera 1877, en Londres y en plena época victoriana, se estaba sometiendo a juicio a un médium procedente de Estados Unidos, Henry Slade, que realizaba demostraciones que dentro del marco de pensamiento tridimensional sólo se podían concebir como ilusionismo y fraude. Pero entraron en defensa del médium una serie de físicos, los más eminentes del mundo. Primero fue Zöllner que escandalizó a la corriente victoriana, especialmente ortodoxa y conservadora, afirmando que lo que era imposible desde una perspectiva tridimensional no lo era para un ámbito que incluyera una cuarta dimensión. Y en ayuda de Zöllner, acudieron científicos y físicos que daban como plausible la idea de una cuarta dimensión: Crookes, el inventor del tubo de rayos catódicos; Weber, quien determinó la relación entre unidades electrostáticas y magnéticas; Thompson, el descubridor del electrón y posterior Premio Nobel, y Rayleigh, investigador de la propagación ondulatoria, que aisló el radón y también Premio Nobel.

Hasta Albert Einstein aceptó, en el siglo XX, la existencia de una Cuarta Coordenada o Cuarta Dimensión, y así lo demuestó en su teoría sobre la Ley de la Relatividad. Definió el tiempo como una Dimensión más porque se dio cuenta que no se podía prescindir de él para determinar la situación de un cuerpo o evento (con comienzo) en el espacio ordinario. Comprendió que el tiempo realmente era una coordenada más, justamente la Cuarta Coordenada, tan inseparable de las otras tres (largo, ancho y alto) que formaba, junto con ellas, lo que él llamó un continuo (inseparable), es decir, una continuidad de cuatro dimensiones, en lo que respecta al espacio. Según esto, la denominada por la ciencia “Cuarta Dimensión”, es decir el tiempo está “aquí” mismo y determina, junto con las tres dimensiones clásicas , largo, ancho y alto, lo que Einstein denominó, tomando el término del matemático lituano Herman Minkowsky, “Continuo Espacio-temporal Tetradimensional” o simplemente espacio-tiempo.

La Cuarta Dimensión Espacial es algo que nos lleva a concebir otra realidad paralela o alterna.
A partir de las llamadas Geometrías no Euclidianas, desarrolladas principalmente durante el siglo IXX por matemáticos como Gauss, Rieman, Lovachebsky y Boliay, se llegó a manejar, al menos teóricamente, no sólo cuatro dimensiones, sino otras dimensiones superiores. Autores modernos como Pedro Ouspensky y Rudy Rucker también han escrito libros enteros sobre el tema.

En la física pre-relativística (newtoniana) se pensaba que nuestro espacio era tridimensional (el tiempo se consideraba independiente del espacio), por lo cual el término “Cuarta Dimensión” realmente no se refería al tiempo como cuarta coordenada, sino a un universo paralelo posible, que ya ha sido tratado teóricamente desde el punto de vista matemático, es decir, a un espacio-tiempo diferente al nuestro pero inmediato o coexistente, donde el problema de las dimensiones debe ser reconsiderado y el tiempo no se correspondería con nuestro tiempo ordinario.

Por lo tanto, la Cuarta Dimensión Espacial o Geométrica nos refiere a otro espacio-tiempo, dentro del cual la materia se volvería invisible e imperceptible para nuestros sentidos comunes.

arta dimensión o reino del alma (Seguna parte)

En esta segunda parte del artículo dedicado a la Cuarta Dmensión abordaremos el aspecto metafísico y espiritual de dicho plano. Quénes la habitan, cómo son y cómo desarrollan su vida en dicha dimensión de la conciencia, así como lo que sucede con el Yo Divino cuando penetra en ese reino al morir.

Por: Alejandra Bluth Solari

Paraíso extraterrestre

Ya desde un punto de vista espiritual, más metáfisico, la Cuarta Dimensión podría definirse como un puente entre nuestro mundo físico y los mundos suprafísicos, o planos de materia y de energía superiores. Mundos habitados. Ya lo dejó entrever el Dr. J. A. Hynek (1910-1986), cuando mencionó que el fenómeno OVNI podría estar relacionado con la existencia de uno o más espacio-tiempos o realidades alternas que albergarían mundos como el nuestro, o tal vez superiores, con sus humanidades, tecnologías, etc...

Es comúnmente aceptado que en la cuarta dimensión viven multiplicidad de seres, algunos físicos, como nosotros. Pero lo que los distingue de los humanos es que todos ellos, físicos o no, son Seres Conscientes, consientes de todo lo que les rodea, de quienes somos en realidad y no lo que aparentamos ser, de la escencia que sostiene nuestro cuerpo físico y de las dvinas leyes y reglas cósmicas a las que estamos sujetos. Están concientes de su escencia más pura y trascendente. Ya no piensan, como tendemos a hacerlo los humanos, que lo real es el cuerpo y lo tangible. Han avanzado un peldaño más que nosotros en la escala de la evolución espiritual, y están plenamente concientes que el sentido de la vida es el viaje del Yo hacia la fuente eterna que le dio origen.

En esa Cuarta Dimensión radican los seres extraterrestres que tanto nos preocupan a los humanos. Aunque no todos trabajen para el mismo bando de la luz, con la intención de guiar el rebaño de almas en evolución hacia Dios,
son seres que en un momento dado de su evolución dieron el salto a la siguiente octava dimensional y comprendieron quiénes somos y qué hacemos en el universo. En el afamado libro Yo Visité Ganímdes, de Yosip Ibrahim, se hace una larga referencia a como es la vida de los extraterrestres o guías espirituales que habitan Ganímedes, una de las lunas del planeta Jupíter, en la Cuarta Dimensión.

Parte de su poder radica en que utilizan de un 30 a un 35% del cerebro, contra el 10% que lo utilizamos los humanos. Poseen mayores facultades mentales, y trabajan la clarividencia y la telepatía sin tener que recurrir a un lenguaje hablado y escrito. Debido a un mecanismo de la glándula pituitaria, junto con la glándula pineal , logran comunicarse entre ellos a través de sus pensamiento. Por eso muchas veces los contactados por seres extraterrestres relatan que entendían los mensajes sin tener la necesidad de hablar un idioma como el que se utiliza en la tierra, ya que el lenguaje de la mente es universal. El cerebro trabaja en base a imágenes y a la interpretación de esas imágenes, y para quienes dominan la telepatía no es difícil enviarlas a través de su mente hacia otra persona que puede estar en el otro extremo del universo.

Este poder radica en que los seres de la Cuarta Dimensión dominan dos sentidos más que los humanos, es decir, siete El sexto sentido, o de la clarividencia y clariaudiencia, permite recibir, organizar y controlar, consciente y voluntariamente, la amplísima gama de fenómenos que se originan y expresan n en las nuevas formas que asume la materia en ese Plano, y las diferentes clases de ondas y frecuencias vibratorias que se manifiestan en él Vale decir, que la Materia y la Energía ofrecen nuevos campos de experimentación y de trabajo a quienes poseen tal sentido, equivalente a aquel "tercer ojo" del que hablan antiguas escuelas esotéricas orientales. Se trata de la facultad de percibir los fenómenos, fuerzas y entidades que existen dentro de un plano en que la materia se encuentra en grados más sutiles que los conocidos en nuestra dimensión. El sexto sentido, como facultad nueva que se manifiesta a través de todo el cuerpo, especialmente del cerebro, permite conocer la vida y los seres que viven dentro de aquellos límites a los que no alcanzan las posibilidades materiales sensorias de un plano inferior. Así, quienes lo poseen, pueden ver a través de todas las formas de materia sólida; paredes, compactas rocas, metales y cuanto conocemos en nuestro mundo, son como cristal transparente y limpio para ese "tercer ojo".

El interior del cuerpo humano, y de todos los cuerpos, de todas las substancias y de todos los seres, es perfectamente visible, comprensible y hasta audible. Ni siquiera el pensamiento permanece oculto a dicha visión. Porque el sexto sentido puede percibir hasta las fuerzas que mueven las nuevas formas de la materia y el desarrollo y trayectoria que éstas siguen.
En cuanto al séptimo sentido, éste se apoya en su cerebro, más grande y desarrollado que el nuestro, donde existe un pequeño bulbo entre el bulbo raquídeo y la pituitaria, donde radica la "Palabra Creadora" o Verbo. Les permite a estos seres actuar sobre la materia por el sonido, utilizando las vibraciones sonoras como fuerza transmutante y reguladora.

Es por eso que ya no usan el lenguaje hablado; su sexto sentido y su gran potencia cerebral y mental les permiten comunicarse con la lectura, o captación directa, del pensamiento y el uso de la telepatía. Su órgano de la voz únicamente lo utilizan para determinados efectos, como producir o destruir fenómenos materiales, influir a voluntad sobre los elementos y construir objetos, dirigiendo, alterando o regulando, con el ayuda de otras fuerzas cósmicas, el proceso atómico y molecular de las substancias.

Su conocimiento y poder sobre la naturaleza y el cosmos son tan avanzados, que muchos de los fenómenos considerados entre nosotros como milagros, son hechos naturales y corrientes para ellos. Si consideramos que la materia es única, una sola en su esencia, y que todas las formas conocidas por nosotros no son más que transmutaciones o cambios del funcionamiento atómico y molecular y de sus sistemas en cada cuerpo y elemento para transformar una substancia en otra modificando su constitución atómica, quien conozca las leyes que rigen las relaciones entre Ia energía y la materia; y posea los medios de hacerlas funcionar a voluntad, está en condiciones de operar toda clase de fenómenos en relación directa con los alcances de su poder y de su ciencia.

Junto a los extraterrestres, en la Cuarta Dimensión tienen su morada muchos seres y entidades inteligentes de tipo infrahumano y suprahumano, como los "espíritus de la Naturaleza" o elementales, junto con seres angélicos de nivel superior a toda humanidad. También se hallan, de paso, las almas de quienes abandonaron la Tierra al morir.
Estos hechos han sido conocidos y comprobados en la Tierra por las más famosas escuelas esotéricas u órdenes iniciáticas secretas Entre los sabios modernos que exploraron este mundo se cuenta el gran inventor norteamericano Tomás Alva Edison que, poseedor de este conocimiento, antes de morir estuvo empeñado en descubrir la forma de construir un mecanismo que manifestara ese plano de la naturaleza, permitiendo comunicarnos con los muertos.

El reino del alma

La Cuarta Dimensión también se conoce como Reino del Alma. El alma es uno de los cuerpos o vehículos que sirve de puente o lazo intermedio entre el plano de la materia más densa, nuestro mundo, y "el reino del espíritu" o plano etérico, del Ego y el conjunto superior de vehículos - la Mente enrte ellos- que le sirven al Ego para manifestarse y actuar por la senda de la vida y de la evolución.
El alma norma, dirige y controla todas las emociones, deseos y pasiones del sujeto. Toda la vida emocional, todos los pensamientos, ambiciones, acciones y relaciones del hombre con el ambiente que lo rodea y con sus habitantes, son realizados a través de este cuerpo e influidos por él.

Las escuelas orientales denomina al alma Cuerpo Astral, por ser el centro que más capta las influencias cósmicas de los diferentes sistemas estelares cercanos a nosotros. Otras escuelas, como las Rosacruces, la llaman "cuerpo de deseos" o "vehículo emocional". Y a su mundo, o plano de la Naturaleza, lo denominan "Plano Astral", "Mundo del Deseo" o la "Cuarta Dimensión". Al morir una persona, el Yo Divino, siempre envuelto por el conjunto de sus otros vehículos atados por la fuerza del cuerpo astral, o alma, comnienza a desarrollar su vida en los dominios de la Cuarta Dimensión, hasta que llegue el momento en que pueda liberarse, también, de los lazos que lo atan a ese mundo, y partir hacia los mundos superiores.

La Cuarta Dimensión, o Mundo del Alma, podemos imaginarla como un plano o región dividido en varios niveles, pero no niveles superpuestos unos sobre otros como en un edificio, sino como estados o condiciones distintas en el desarrollo de la materia y de la Energía que, según sus graduaciones, frecuencias de onda o vibración, y tipo de fuerzas que en ellos se manifiestan, conforman un determinado nivel de vida.

A modo de ejemplo, se puede agrupar en tres niveles la variada graduación que se observa en el Plano del Alma: Región Inferior, Región Media y Región Superior. Cuando el Ego ingresa en él, por causa de su definitiva separación del cuerpo físico al morir (o en vida dentro de condiciones de una especial preparación, por ejemplo meditando) lo hace siempre por la Región Inferior, que en la religión cristiana se denomina "El Purgatorio", y en las religiones indostánicas llaman "Kamaloka".

Es la morada en que se encuentran las fuerzas más negativas de la vida, los más bajos instintos y denigrantes pasiones y pensamientos. Y los Egos que pasen por esa región o permanezcan en ella se ven obligados a alternar con lo más abyecto de nuestra humanidad y con los más bajos espíritus de la naturaleza. Un Ego que no haya logrado alcanzar niveles de superación superiores a los que reinan en tal región, empieza a sufrir los efectos causados de todos los variados fenómenos de su vida de errores. Y en ese plano de existencia nadie se puede sustraer, ni esconder. Desde el momento en que se penetra en la Cuarta Dimensión, todo es visible y evidente en grado sumo, y las consecuencias del mal generadas en el mundo físico se manifiestan como reflejos permanentes y de potencia multiplicada que siguen actuando en ese plano tal como el Ego las ejerció contra otros en la Tierra, pero esta vez en dirección a sí mismo. Según sea la mayor o menor gravedad de esos errores, es la mayor o menor intensidad con que el Ego sufre esos efectos.

El Ego se ve obligado a permanecer en aquella región inferior todo el tiempo que su mayor o menor culpabilidad y atraso en la escala de la vida le demande, para depurar las consecuencias malsanas de ese atraso. Como todo evoluciona hacia niveles superiores, los lazos, o fuerzas que lo atan a ese medio ambiente, van atenuándose progresivamente. Pero no está sólo. En toda la Cuarta Dimensión, como en todos los planos superiores, actúan constantemente diversas jerarquías de seres superhumanos, como los espíritus superiores, custodios y guías de la Evolución a quienes las religiones cristiana y judía llaman "ángeles" en sus diferentes posiciones o niveles. La libertad absoluta y el libre albedrío sólo operan en los planos de prueba, como el físico, pero a partir de la Cuarta Dimensión, el control y la supervisión de entidades superiores o maestros conductores es permanente y adecuada al estado de superación de cada espíritu.

En la Cuarta Dimensión, estas entidades se manifiestan con una aura o envoltura radiante, luminosa, cuyos destellos y potencia lumínica están en relación directa con el grado de adelanto a que han llegado, y ayudan a los egos en su peregrinación para subir a niveles superiores, cuando el período de depuración va llegando a su fin. El espíritu sube, así poco a poco, a los distintos grados de la Región Media, o del tipo de humanidad que ya desarrolló una vida más normal, equilibrada y con menos errores. Y sigue avanzando, en tiempos que dependen exclusivamente de sus propios esfuerzos y mejores intenciones, hasta llegar a los niveles superiores de la tercera región, donde se encuentran los Egos cuyas almas alcanzaron, en existencias terrenas, los más puros y bellos aspectos de la vida humana. Hasta esta región, el espíritu sigue atado a todos sus vehículos superiores por los lazos del cuerpo astral, el alma. Y como la mente es uno de aquellos cuerpos, superior al astral, sigue aprendiendo y asimilando enseñanzas y experiencias en todo ese trayecto, a través del mundo psíquico o alma.

Cuando se ha eliminado las últimas impurezas, las fuerzas que retenían al Ego en el plano astral desaparecen, el cuerpo astral se desintegra, y el espíritu pasa a los mundos superiores por las "puertas" del Mental. Desde este momento se abre para el Ego una etapa de paz y felicidad, donde valoriza toda la labor realizada en sus existencias, memorizando y aquilatando los resultados de toda su evolución. Si ha tenido una larga evolución y ha aprendido cuanto en la Tierra es posible conocer y experimentar, se le mostrarán nuevos campos de experimentación y de prueba en mundos superiores, donde pueda continuar trabajando para aumentar su sabiduría, su moral y su poder. Pero si su adelanto, desarrollo y nivel evolutivo no son todavía suficientes, tendrá que volver a la Tierra para vivir en condiciones que le permitan adquirir las nuevas lecciones, pasar por las pruebas necesarias, saldar las cuentas pendientes, pagar en situaciones parecidas por todos los errores, delitos o faltas de cualquier orden que haya cometido y que, sufriéndolos en sí mismo, le enseñarán a tomar conciencia del verdadero error e imprimirlo indeleblemente en su memoria cósmica como norma de conducta permanente en las vidas sucesivas.

Llegado el momento de preparar su regreso a la Materia, al mundo físico. el Ego es ayudado por sus Guías Superiores para planear todo un nuevo programa de existencia, y las entidades encargadas de su ejecución van elaborando todos los requisitos necesarios. Desde la clase de hogar en que nacerá, los padres que ha de tener, el lugar y país, la educación que deberá recibir, las relaciones que lo rodeen, las pruebas que ha de vencer, accidentes, enfermedades y cuanto pueda servirle para nuevas y útiles experiencias, forman ese plan de la nueva encarnación. Así se inicia el viaje de vuelta, pasando otra vez por todos los planos intermedios, en cada uno de los cuales irá recibiendo la envoltura o cuerpo respectivo hasta ingresar al nuevo cuerpo físico, adecuado a las nuevas actividades que su conductor necesita.

Pero en su nuevo tránsito por la Cuarta Dimensión, mientras lo "impregnan" o construyen su nueva alma, tiene oportunidad de apreciar las fuerzas positivas y negativas que en ese mundo se mueven, y sus influencias y efectos en el mundo físico. Del mayor o menor impacto de esta nueva experiencia, y de cómo logre imprimirla en su conciencia de espíritu, dependerá mucho el temple con que, más tarde, enfrente las pruebas cuando esas fuerzas actúen sobre él. La tentación es el influjo de aquellas fuerzas provenientes de los distintos niveles inferiores del astral, y la conciencia es la voz interior del Ego que, en su recuerdo de las pruebas y experiencias pasadas, trata de hacerse oír a través de la maraña de cuerpos que lo envuelven. Si ese recuerdo ha sido lo suficientemente evolucionado y fuerte para imponerse y vencer, se evitará nuevos errores como los ya cometidos otras veces. Así se va superando la ignorancia, el error y la maldad, que no es sino el fruto de la ignorancia de todo esto. Superando sus debilidades, sus defectos, sus pasiones y sus vicios, fortaleciendo sus aptitudes positivas, cualidades y virtudes, va dejando atrás la figura endeble y negativa de sus primeras encarnaciones, hasta llegar a niveles en que la cercanía a la superación terrena le abren las puertas de mundos habitados por humanidades más avanzadas y perfectas.

El paso a la cuarta dimensión

Hace mucho tiempo que los representantes de la Nueva Conciencia, estudiosos de metafísica y especialistas en la sabiduría antigua, han alertado sobre un cambio dimensional que afectará nuestras vidas. Dicho cambio responde a transformaciones en la estructura espacio temporal de nuestro planeta, e implica un salto evolutivo en la conciencia del hombre, un fenómeno espiritual que se viene produciendo desde hace milenios, y que culminaría con el paso del ser de la tercera a la cuarta dimensión. Muchos han experimentado la vida en la Cuarta Dimensión a partir de sus proyecciones astrales o experiencias interdimensionales. Según cuentan, algunos humanos de conciencia elevada ya están viviendo en ese plano.
Una serie de manifestaciones naturales ya estarían marcando las pautas de este cambio dimensional: aumento de la vibración de la Tierra, aceleración del tiempo, reducción del campo magnético del planeta, activación de códigos en nuestro ADN, etc... Todo esto facilita la comunicación con Seres de Vibración Elevada que se encuentran fuera del plano terrestre, como los Maestros Ascendidos y guías extraterrestres.

No se trata de que de la noche a la mañana vayamos a saltar bruscamente a una nueva dimensión, sino de un aumento paulatino de la vibración de nuestra conciencia. Cuanta más espiritualidad ponemos en nuestra vida, y cuánto más purificamos nuestros pensamientos y emociones, logramos vibrar en frecuencias cada vez más elevadas. Una vez alcanzada una vibración afín a la Cuarta Dimensión, los hechos y personajes de la tercera ya no nos afectan, y quienes mantengan esta frecuencia vibratoria elevada comienzan a sentir que viven en otro mundo, lleno de coincidencias significativas, deseos que se cumplen y fenómenos extraordinarios. Llegará un día en que ya no habrá miedo ni falta de amor, y el mundo, tal como lo conocemos, desaparecerá, dejando en su lugar otro más luminoso y sereno.

¿Cuándo? Fechas posibles hay muchas; la más difundida es la que legaron los mayas, el año 2012.Pero hasta que todas las conciencias del planeta se hayan elevado al nivel necesario como para que se produzca el pasaje dimensional, la tercera dimensión seguirá existiendo con toda su solidez.

Quizás la mejor idea para entender lo que significa la Cuarta Dimensión sea el pensamiento del científico húngaro Ervin Laszio, investigador y docente de las universidades de Yale en Estados Unidos y de La Sorbona en Francia, quien en su obra "La Gran Bifurcación" dice, refiriéndose a los nuevos paradigmas de la ciencia: "El hombre ya no puede predecir lo impredecible ni tampoco intentar explicar lo inexplicable. Sabe demasiadas cosas sobre sí mismo y sobre el mundo donde habita como para poder hacerlo.

Solamente se aproximará a la verdad si deja de lado las viejas herramientas que acabaron por encarcelar su pensamiento en los estrechos límites de lo palpable y lo mensurable"...